pienso en las mujeres en reserva,

pendientes de la lluvia y las señales que ocultan los ríos, dejando que las mañanas crecientes se alejen de sus ojos.

pienso en los caminos terminados antes de tiempo, la vajilla nueva y las estúpidas ganas de un chocolate caliente que pueda leer la suerte de todos aquellos que sólo saben añorar.

cartas desde Cholongas city


Escribo cartas desde Prietolandia, desde el rincón en el cual la población promedio tiene la noción que ser potentado es tener aretes. Escribo desde un espacio que siento tan mío que no me he movido en horas ni siquiera cuando se escucharon pasos en esta casa sola. He despertado boca arriba pensando en ser aplastada por una cubeta de hielo, me he hecho amiga del ventilador que por momentos ensordece hasta al chancho-perro que pasa por la calle, el chancho-perro que cuida a un grupo de seis chancho-perros hijos que a pesar de su corta edad se comerían gallinas o mis dedos si es necesario.

En este agreste lugar donde lo más importante es no morir y condenar la existencia de miles de zancudos, he pensando en la monstruosidad de sus ojos, atascados en la neblina lejanísima de las ciudades que pasan todo en simultáneo, mientras que aquí una gota de sudor ha vivido una travesía antes de llegar al piso y morir.

He pensando en lo ínfimo en que se ha convertido un beso, compartir una comida, dormir en camas de ajenos y creer que se pueden contar historias verdaderas a través de lo esporádico de un chat de media noche. Todo eso, cuando he vivido la ausencia de todos mis seres cercanos y he visto en la marea sus rostros tal y como quiero recordarlos, en movimiento junto con miles de masas vivientes que no me olvidan y que no han necesitado ningún sonido en el viento para sentirlos en la piel.

He degustado el sabor del pescado del infierno, aquel que llega envuelto en hojas de plátano y luego quiere matar en tus pesadillas salvajes de baño (que de baño sólo tiene el nombre), he pensando últimamente en los ojos verdes, irónicamente verdes, intensamente verdes que me recorren sin pies y saltan de mi pasado a otro pasado inventado recientemente, los he visto en mis sueños jugando con mis anillos, convencidos de que los amaneceres grises son la mejor plaga de este año y que deberíamos enfermarnos más seguido.

He descubierto al perro más triste del mundo, se llama “Chuchasumadre”, tiene un pedazo de piel expuesto y los mosquitos le enredan la cabeza, me mira pidiéndome que lo mate, que no le de ni un solo pedazo más de pan, que le de una patada en el culo para que pueda mandarse a morir en la puerta de su dueño, mi dilema del día viene cargado de recriminaciones de ese perro triste que no sabe nada de mi y me pide tanto.

Entre la tarde confusa y el agua hirviendo para tener café potable, en lo más profundo de una olla desportillada he visto el rostro del pez-sapo aplastado en el camino de los pescadores el espiral de la raza humana nacida para devastar, sus tripas salidas por la boca han anunciado canciones de verano cargadas de melancolía barata, tan barata que se vende en la frontera como mercancía para los pa’jpakus.

He regalado una prenda al mar y la tradición cuenta que la devolución del mar viene con doce deseos, no entiendo bien en qué forma pero los pregones persignados de las abuelas de todo el mundo van a ser cumplidos, los perros tristes serán sólo perros o sólo tristes, se mirará en la profundidad de esos ojos encabronadamente verdes las respuestas a las elucubraciones inconexas de la cumbia y regresarán todos los recuerdos a las mentes de las madres en reserva.

He amanecido pensando en la fragilidad de las construcciones de más de dos pisos y mi privilegiada seguridad actual, a las 7 a.m. me declaro, en este lugar, con “Chuchasumadre” como testigo, persona nonsexy, más devastadoramente exótica.

En Cholongas City, en la ciudad que absorbe gente y sus mosco-vampiros se chupan sangre, los deseos son lo de menos, me he detenido a recolectar todas sus ambiciones agotadas, me ha quedado un bolso lleno de nimiedades que alcanzan para una gota de mar en deseos. Una plaga de deseos los ha devastado aquí, no hay nada que esperar, no descansan del año viejo, descansan del segundo pasado, del que viven y del que vendrá, todo eso en las puertas de sus casas mientras la melodía de cada casa pelea por ellos en la calle.

Desde Cholongas City ha nacido un plan maldito para el mundo, es más macabro que los rechinidos de las motonetas a media noche y planea más posibilidades para la raza humana que el estanque de renacuajos que alimento con tierra, el plan es enlatar a la raza en cómodas latas de atún, sacarlas a pasear y dejarlas sueltas en Cholongas, así la vida sería tan sencilla como un abrevadero de agua dulce rozando mis pies al atardecer.

las mujeres de mi vida

Presenté mi libro.
Un compilado que guarda una temática recurrente y constante que saltaba con frecuencia en mis documentos guardados: las mujeres. La consecuencia son 63 páginas de textos combinados con fotografías, éstas últimas producto de la observación y recopilación también de varios años. Los textos, ordenados más por un orden basado en la sensibilidad van acompañados de fotografías para apoyar la historia que se teje en letras.

Ahí tienen, mi primer libro en autoría sola, publicado y financiado independiente de una casa editorial y con el apoyo del Correo del Sur y La Casa de la Libertad.
"Las Mujeres de Mi Vida" lleva en sus primeras páginas el prólogo realizado por Miguel Aillón Valverde, querido amigo e impulsor del crecimiento literario no sólo en mi persona sino en muchas personas más que se han sentido cobijados por sus consejos y enseñanzas.
Ahí les dejo mi primera obra personal, personal hasta el cansancio y con riesgo de empalagar.
Se encuentra a la venta en La Quimba (calle Grau, entre Avaroa y Potosí) y en la librería La Rayuela (SAS, Calle Pérez, entre Azurduy y La Paz).
El costo es de 35 Bs.

Es la información que, por ahora, les traigo en este post luego de algún tiempo de haber abandonado (sin explicación alguna) este blog que ahora espero alimentar nuevamente de forma periódica.


etiquetas


Se avecinan tormentas, al parecer siempre se avecinan tormentas en la secuencia de la vida.

Al parecer, si no fuera por los medidos lapsos de plenitud, lo que queda sería un reality divertidísimo de lucha por la sobrevivencia, en el cual el que dura más es tan sólo el más viejo, el que sobresale será el más recordado; el héroe o el el anti-héroe, los invencibles.

Entonces, andamos etiquetados, correteando por las calles con nuestro papelito de color, ahí nos auto-anunciamos cómo empezar nuestros caminos, cómo debemos vivirlos y finalmente cómo sentenciarnos hasta alcanzarlos. Terminamos conviertiéndonos en cualquier lácteo, vitualla o conserva de supermercado, buscando no quedar vencido y evadir cualquier tormenta, cualquier salida por la tangente que podría desestabilizar un ciclo mil veces girado.

recuerdo al medio día




Este submundo de los toldos que me hace caminar sobre apestosas piedras, humedecidas mil veces por agua aún más apestosa... me destruye la espalda, se me han convertido los pies en dos lenguas congeladas.

Mientras las cholitas se empujonean con sus cholitos, un síndrome de dominó ha capturado al tráfico, daría lo que sea por cazar centauros en El Alto y evadir lo que sea que les haya hecho creer que su cosmovisión andina está inclusive en la pereza infinita de un atolladero automovilístico, por encontrar aquello que amigue monolitos con changuitos de acentos estirados.

Hoy, mientras se congelaba mi café, he dejado caer en silencio mi cabeza y las cargas de metal que con ella suelen mezclarse. Siento tu mano como si se hubieran llenado las nubes con osos de felpa. Se ha quedado como zombie un recuerdo vagando entre el viento y el bullicio. Se han quedado bloqueados los nevados, se fastidian los vendedores de tanto vender lo que no deben y comprar lo que a nadie le interesa. Se han pasado las calles recibiendo a gente que no hace más que pisotear a otra y todos pasan de lado en la plaza, no vaya ser que una paloma le cague la vida.

Mis estudios de chicha y de limonada nada podrán hacer frente a tu idiosincracia, me has pateado los sesos y resulta que para rematar yo no conocía a ningún caballero, ¡promesa…!, por tanto, tus primeras palabras han destruido mis defensas por completo.

Ahora, mientras camino en el submundo de los tolditos, del api, del minibus llenito hasta el tope, simplemente estoy desprotegida. Te vas a llevar mi alma como quien compra dulces en la tienda, así de facil me caí en tu bolsillo.

¿Qué dirás?. Ni chicha ni limonada, señorito intelectual, ya se que tiene el tiempo planeado y será mañana. Tal vez, tu blogósfera nos una bajo los abrazos gentleman de alguien que hoy recuerdo al medio día.


la chica con un solo ojo

Un reflejo cada vez más tenue producto de una flaqueza profunda, ha sido desde hace mucho el inicio menos glamoroso de mis planes, sin embargo, pensar que uno puede desandar lo andado, como estirar el hilo de un tejido es ridículo, lo que quedan... ojos deslumbrados, reflejos borrosos y la confusa calma del día siguiente.


Cuando recordé como había salido de mi más terrible encrucijada, colgué sobre mi piel los pedazos que habían quedado de esa masa apacible pero necia que llamaba corazón.

No hubiera podido soportar la desdicha por si sola de no haber sido porque el meollo del problema quedó cubierto por tierra, granizo, ceniza y toneladas de enfermedades urbanas. Tal vez las desdichas más grandes suelen cubrirse/curarse de esa única y simple forma, con polvo y aspirinas.

Ni mis más cercanos o lejanos muertos me lo hubieran permitido. La noche que durmieron sobre mi pecho, desdeñosos terminaron contándome al oído que habría sido abandonada, dejada en medio de la nada con mi apéndice existencial a cuestas, convirtiéndome en la chica con un solo ojo. Aquella, la de la patética posibilidad encontrada en un pozo, la del desquite cuando le han advertido hasta en sueños que no lo haga. Alguien que tiene un sólo lado de la historia, esperando ser consolada por los perros más feroces de cualquier disparatada imaginación.

La chica con un solo ojo… a la espera de una luz esquiva que tacha una y otra vez en el error.

Mis muertos, quienes durmieron esa noche en mi pecho, no me lo hubieran perdonado.

la cena de los carnívales


(sobre la convivencia social en tiempos de carnaval)

Cuando los carnívales llegan, arrasan con los menús de los restaurantes. Los periódicos vuelan por los aires y se preguntan seguido la noticia del momento. Un culebrón mexicano ronda sus carnes y los aromas se penetran en una lucha inmóvil.
Abren las bocas y les rebotan en el rostro los globazos, acuciantes envoltorios de condimento rondan, intermitentes movimientos los detienen, luego caminan como si la maleza de alrededor fuera tras otros.
La noticia del momento se llama: mordiscos. Cuando caen en cuenta de la temporada, embalsaman sus cuerpos, terminan sólo con aromas, se comen y lento, se degluten, luego pestañean eliminando con un mondadientes lo que queda. Finalmente, la noticia del momento se va con una servilleta.
Los carnívales fastidian al destino, buscan soles durante la noche, joden al destino y sus paralelos como si fueran ellos mismos, así de fácil, como jugar ruletas con manos ajenas, se chupan cada dedo satisfechos, chocan vasos se zarandean con las bandas.
Luego de verse y removerse de todo lado, sus aristas chocan, entonces, ni siquiera el agua puede ablandar esa piel, avanzan (im)prudentes, limitados de espacio, con cara de saciedad, apenas y se miran antes de devorarse.

tripas secas

Recuerdo aquella primera vez en la que crucé a la vereda sobre la cual caminaban, parecía que el mundo había sido recortado en dos. Mis piernas se manejaban hipnotizadas, a cada paso quería aplastar el universo con las suelas. Parecían un cuadro sin marco, sonreían como para concurso.

Tenía la saliva congelada... lo último que se me ocurrió fue hablar. Un líquido amargo inundó mi boca, la lengua empezó a colgar como péndulo de hielo, sentí que mis tripas se habían quedado en algún lugar fuera de mi cuerpo.

Así fue aquella primera vez en la que crucé a su vereda. Y así fue como mis tripas terminaron embalsamadas lejos, siendo contenidas por algún latón frío o alguna batea plástica, cobijadas por cualquier masa más afable que mi cuerpo.

Ahora se encuentran tiernamente mansas y lejos de todo lo que yo ni siquiera sospechaba podría haberles ofrecido.

Desde ese día reposan, aprenden a filtrar los pasos que doy sin lanzar arcadas de melancolía, sólo por que si, en cualquier lugar.

noche todo el día



Sin temor a extraviar la ropa me bordaré encima/ estrellas de una noche cualquiera/ frente a un escenario me plantaré/ cualquiera/ inmensos en un camino/ mis vestidos olvidarás/ ondularán en el viento/ en la pampita desprotegida saltando sobre bicicletas de borrachos / pajarracos te detestan por todo el mundo / los ecos ni te conocen y ya te detestan /estrellas extraviadas parpadean en la noche / picotean mis manos /pajarracos despelucados llenos de agua y sed /yo también te detesto / tal vez dormitemos / será /esa noche será todo el día.

hoy jueves miento


Hoy me fumo y no tengo ganas.

Siento macurca, pero con el cansancio sólo me fumo. Bailo mirando el piso y caigo en cuenta de mi sordera, me quito los apellidos y no formo parte del malicioso plan de nadie, soy antagonista y Chavela desertora, tomo tequila con las barbies de mi infancia. Limpio mis ojeras habiendo olvidado comerme las uñas.

Soy varias en uno y promulgo sentirme contenta el día que sea dos y no más.

Hoy soy mercado parlante y suertecita enlatada, se me cae a pedazos la cintura y trastocan mis pies descalzos una alfombra de fotografías encajonadas, no soy de ningún parentesco social en la puta vida social de la sociedad, etiqueto gente como mi wak’a literaria y yo soy una waca waca.

un mundito sin cabeza







en ella se vulneran las verdades más insólitas
del ámbito más reducido,
el suyo unicamente